domingo 7 de junio de 2009

"Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo"

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (Mt 28, 18-20)

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

Nuestra Madre Iglesia nos invita en este domingo a celebrar el misterio de la Santísima Trinidad.

¿Qué es la Santísima Trinidad? Es básico en la fé católica. Hablar de la Santísima Trinidad es hablar de la naturaleza misma de Dios: un solo Dios en Tres Personas, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

No son tres dioses distintos. Son Tres Personas Distintas que conviven en un solo Dios. Son Tres Personas que se hacen Una Sola por el Infinito Amor que las une.

Cuando nosotros amamos, tendemos a hacernos uno con los seres amados porque compartimos vivencias, circunstancias y sentimientos. Tendemos a hacernos uno, pero nunca nos llegamos a hacer uno. En el caso de Dios mismo, es el Amor que llega a una perfección tal que ese AMOR hace que Tres Personas se hagan una sola en Dios.

Jesús es Dios Hijo y muchas veces nos habla de su íntima unión con el Padre. Son varios los pasajes evangélicos en donde Jesús dice que se hace uno con el Padre; por ejemplo: “Que sean uno como Tú y Yo somos uno. Así seré Yo en ellos y Tú en Mí, y alcanzarán la perfección de esta unidad” (Jn. 17, 21-23).

En este pasaje, Jesús da testimonio de la Santísima Trinidad cuando les ordena a sus discípulos que propaguen su mensaje a todos los pueblos. Pide que seamos todos bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Nuestra Madre Iglesia nos enseña que la Santísima Trinidad es, en si misma, un misterio para los seres humanos. Y esta explicación no es un recurso mediocre para evadir cuestionamientos lógicos, sino que se debe a que la naturaleza de Dios es Infinita y no puede ser abarcada en su totalidad por los humanos, quienes somos seres limitados y falibles.

Cuéntase que mientras San Agustín se encontraba en la playa preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, vio a un niño tratando de vaciar el agua del mar en un hoyito que había hecho en la arena. Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito, a lo que le contestó el Santo: “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!” Y el Niño le replicó: “No más imposible de lo que es para ti entender o explicar el misterio de la Santísima Trinidad”. Y con estas palabras el Niño desapareció.

Los seres humanos estamos llamados a unirnos a la Santísima Trinidad para encontrar la fdelicidad verdadera en esta vida, más allá de las viscitudes que nos toque vivir. Imitemos a María, Nuestra Madre Celestial, hija dilecta del Padre, esposa del Espíritu Santo y madre del Hijo, que entregó su vida entramente a la Santísima Trinidad y es la criatura más colmada de bendiciones.

En nuestras familias debemos asemejarnos a la Santísima Trinidad. Ésto es, a pesar de las diferencias lógicas que se puedan tener, estamos llamadas a superar todas esas barreras con el verdadero Amor de Dios y hacernos Uno, como lo hacen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
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