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miércoles, 28 de noviembre de 2007

Mallín en mi vida: Rodolfo Riveros

"Ingresé al Movimiento Mallinista en el año 1980 invitado por mis propios padres, quienes tuvieron la gracia de vivir el Primer Mallín Vida. Ellos eran muy amigos de Ricardo Rodríguez (histórico Asesor Zonal en nuestra provincia) quien, a su vez, había invitado a mis padres apenas Mallín inició sus actividades en San Juan.

Al principio, dividía mi tiempo entre Mallín y los Boys Scout del Padre Juan Fanzolato, quien fue muy importante en mi formación humana. En 1981, viví el Mallín Amistad con 12 años en una escuela en la localidad de Zonda (San Juan) del que no me acuerdo el número, es más, no sé si en aquella época se le daba importancia al número de los Mallines Amistad. Pudimos hacer un lindo grupo humano en aquella experiencia.

Viví el Mallín Estilo -155- cuando tenía 15 años, me pegó muy fuerte en mi historia con mis padres; creo que en esa edad difícil, uno no alcanza a dimensionar la importancia de los propios padres; gracias a Dios, aprendí a crecer al lado de mis viejos. Ésto me ayudó mucho para mi maduración en mi vida como apostolado. Hasta el día de la muerte de mi viejo, seguí sintiendo esa unión y amor de padre-hijo que me surgío en ese Mallín y, obviamente, con mi vieja que la tengo viva mucho más, ya que puedo seguir disfrutándola hasta el día de hoy.

Después, con 17 años, fui acompañante en el Mallín Estilo -177-. En principio iba a ser Delegado pero, después de una conversación con mi Asesor, le cedí el lugar a otro muchacho. Dar ese paso al costado me costó porque ansiaba mucho ser Delegado. De todas maneras, me sirvió para tener una experiencia muy valiosa en aquellos cuatro días. De este Mallín me quedó marcado el hecho de entregarme por el otro y lo importante que era hacer apostolado. En esta vivencia, surgió mi vocación de ser animador.

Me marcaron las Misiones de Semana Santa. Eran una experiencia distinta de entrega, poníamos toda la fuerza para llevar la Palabra de Dios y tratar de hacer vivir de una manera diferente la Semana Santa a la gente alejada. En mis años como Coordinador de Misiones, que coincidieron con mis años en la Etapa Testimonio, me di cuenta que las Misiones no podían ser solamente un fin de semana al año: es como pretender que algún ser vivo viva un año entero con tres días de comida. Por eso, visitábamos esas comunidades que conocíamos en la Misión durante el resto del año. Aún hoy conservo contacto con dos personas que conocí en aquellas misiones: una en Tudcum (165 km al Noroeste de la Ciudad de San Juan) y otra en San Martín (20 km al este de la Ciudad de San Juan).

Un grupo sin apostolado tiende a desaparecer. Porque, por más necesitado que uno esté, tarde o temprano surge la NECEDIDAD de DAR, tanto como persona como también en comunidad. Ojo que dar no es solo en un apostolado en una villa: darse es todo los días de la vida. Esa fue una gran enseñanza que me dejo mi viejo que su vida fue siempre dar y no le hizo falta estar todo el día en mallin o en otro movimiento cristiano.

En mi etapa de animador, en mis grupos, nunca dejamos de hacer un apostolado ya que era la semilla del espíritu del grupo. Recuerdo que cuando fui animador de chicos de 6º y 7º grado, se decía que un apostolado no se podía hacer con niños tan chicos. Entonces, se nos ocurrió cantar en la Misa de las 11 los domingos que era la que teníamos a cargo los mallinistas en la Capilla "María Auxiliadora".

Le doy gracias a los que me tuvieron que "soportar" como animador porque, gracias a ellos, logré formar mi personalidad, y completar la teoría con la práctica. En realidad, estoy muy agradecido por todo lo que recibí de mis muchachos en esos años... tal vez, no me alcancen los años de mi vida para devolver todo lo que recibí.

Ser animador fue, tal vez, una de las mejores cosas que me pasó, sentirme útil para una persona, hasta en los más ínfimos detalles. El solo hecho de poder DAR algo de mí para ayudar me fortalecía mi espíritu y me ayudaba a crecer. Siempre intenté que mis chicos tuvieran criterio y voz para expresarse; creo que para eso nos ayudó mucho los apostolados, el hecho de ir a la villa, el hecho de que se enfrentaran a realidades muy distintas a las de ellos y que supieran valorar lo que ellos tenían. Aprendí que dando se recibe.

A los chicos y chicas que hoy participan del Movimiento Mallinista les diría que vivan cada día como si fuera el último día de sus vidas, que expresen sus afectos como si fuera la última oportunidad de decirle "te quiero" a las personas que quieren, que vivan en forma apasionada cada actividad que hagan; que siempre DEN LO MÁXIMO de su SER en cada actividad que emprendan. La vida en este mundo es una sola y no la podemos dejar escapar sin ser protagonistas de ella"


Rodolfo Marcelo Riveros tiene actualmente 38 años, está casado con Claudia Marquez y es papá de Juan Pablo (13 años), Andrés (9 años) y María Sol (1 año). Trabaja como Encargado de la Administración de un fábrica radicada en el Departamento de Pocito, San Juan.
Participó en Mallín en el Centro Don Bosco entre los años 1980 y 1992. Fue animador de comunidades Estilo, Asesor de Centro y Coordinador de Misiones en Semana Santa.

2 COMENTARIOS:

Mario dijo...

Rodolfo fue todo un capo dentro del Movimiento Mallinista. un animador con mayúsculas,empapado del carisma salesiano.

Muchos aprendimos al lado de él y también nos divertimos con sus ocurrencias. Particularmente me tocó tener que enseñarles varias cosas del fútbol...

Andres dijo...

Rodolfo, muchas gracias por tu testimonio! me sirve mucho para seguir con fuerza adelante. Yo soy Andrés del Centro Cristo Vence (DB Mendoza) y hice mi mallin -292- y fui delegado en el -304- tambien hice mi mallin testimonio actualmente sin numero. Es importantisimo lo que remarcas del apostolado y como sirve en la vida cotidiana. Quiero seguir toda mi vida con este regalo de Dios que es Mallin, con un corazón animador como Don Bosco queria. Un gran abrazo. Con E y D.

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