martes 7 de julio de 2009

... te basta mi Gracia

Luego de haber sido un empecinado perseguidor de cristianos, Pablo fue llamado por Nuestro Señor y dejó todo por Él, hasta su propio orgullo. Al poco tiempo, se convirtió en el Apóstol San Pablo, un fervoroso portador del mensaje de Cristo y lo fue transmitiendo inclusive arriesgando su propia vida.

Pablo dejó varias cartas que están compiladas en la Biblia, las cuales eran mensajes y exhortaciones varias a las primeras comunidades cristianas que se iban formando a medida que se iba esparciendo la Buena Nueva.

En un párrafo de su Segunda Carta a los Corintos, leemos:

"Hermanos: para que yo no me llene de soberbia por la sublimidad de las revelaciones que he tenido, llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás, que me abofetea para humillarme. Tres veces le he pedido al Señor que me libre, de esto, pero El me ha respondido: "Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad". Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades, para que se manifieste en mí el poder de Cristo. Por eso me alegro de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando soy más débil, soy más fuerte."

En este extracto , vemos que Pablo hace una confesión descarnada de un padecimiento que lo aqueja. Sin dar demasiadas precisiones, el Apóstol cuenta que lleva "una espina clavada en su carne" que le tiene turbada el alma al punto en que, según sus propias palabras, siente humillación. Tal vez esa espina haya sido la descripción metafórica de una enfermedad del cuerpo o del alma, o quizás ambas cosas. Tal habrá sido la desesperación que sintió ese santo varón que le imploró tres veces al Señor que lo libre de "esa espina"... pero recibió de Dios la respuesta tan tajante como esperanzadora: "Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad".

Cuántas veces nos puede pasar que nos sentimos aplastados por algún problema específico, o varias situaciones que nos quitan la paz interior. Lo más tentador es pretender que un sufrimiento desaparezca como por arte de magia para poder descansar del dolor.

La propuesta de Dios va mucho más allá de lo que podemos esperar: no es cuestión de librarnos de un sufrimiento, sino saber convivir con ese pesar hasta superarlo en la Cruz de Cristo.

Pasa que es tentador dejarse llevar por la desesperanza y no dejarnos ver más allá. Las situaciones de sufrimiento son ocasiones especiales para acercarse a Dios y sentirse amados por Él. Porque en esos momentos de pesar es cuando uno puede expermientar como nunca que somos limitados, pequeños y casi insignificantes en el Universo... ahí es cuando Dios nos tiende su mano y nos ofrece su Infinito Amor para poder redimirnos superando (y no esquivando) esa situación.

Independientemente de que seamos creyentes en Dios, o no, en más de una ocasión en esta vida todos los seres humanos experimentamos la desolación, el dolor, el desamor, la incomprensión, la traición. Son momentos en que uno puede ver que no se puede con todo. En la soledad es cuando somos más frágiles para todo tipo de tentaciones que, por más que se nos presenten como beneficiosas, no nos construyen como personas.

Desde la fe, podemos decir que Dios está dispuesto a otorgarnos su Gracia para poder sobrellevar cualquier situación: si nos decimos creyentes en Dios, debemos necesariamente confiar en su Poder Infinito. Nada ni nadie es superior al Señor.

Por más grande que pueda parecer una adversidad, tenemos la Gracia de Dios al alcance de nuestra mano. No importa cuántos pecados puedan haber en el alma de un ser humano. Solo una oración humilde y sincera basta para acortar cualquier distancia con Dios. Todos y cada uno de nosotros somos especialísimos para Dios: cada uno de nosotros somos un ser distinto a todos los demás que existen y existieron antes. En cada uno de nosotros, Él ha depositado dones y la capacidad de amar y ser amados.

Como sucede con el Hijo Pródigo, Dios es un Padre que está siempre esperando nuestro regreso para darnos su Amor... Como diría Santa Teresa de Ávila, "Nada te turbe, solo Dios basta".

Es cuestión de no dejarse atormentar por las espinas que tengamos en nuestra carne. A Dios le tenemos que entregar los sufrimientos y padeceres y todo cobrará un sentido nuevo en Él... y así, nos bastará su Gracia.

Creatividad Recreativa: un sitio web para animadores


Desde la Ciudad de Bahía Blanca nos llegó la invitación para visitar el sitio Creatividad Recreativa, el cual está administrado por jóvenes que participan en el Movimiento Juvenil Salesiano.

El objetivo de este blog es proporcionar material dinámico para la realización de reuniones, talleres y demás actividades a realizar con adolescentes y jóvenes. Asimismo, los responsables de dicho blog invitan a los animadores a que envíen sus materiales y recursos para ese sitio sea un lugar de un rico intercambio.

Desde este humilde sitio, saludamos a los chicos de Creatividad Recreativa, esperando que un apostolado provechoso para quienes lo llevan adelante como así también para todas aquellas personas que lo visiten.

¡Dios los bendiga!

Para visitar este sitio, ir a http://creatividad-recreativa.blogspot.com/

lunes 6 de julio de 2009

El Secreto Admirable del Santísimo Rosario

escrito por San Luis María Grignon de Montfort

EL PADRENUESTRO

42-Cuando rezamos esta divina oración, realizamos tantos actos de las más sublimes virtudes cristianas como palabras pronunciamos. Al decir: Padre nuestro que estás en los cielos, hacemos actos de fe, adoración y humildad. Al desear que su nombre sea santificado y glorificado, manifestamos celo ardiente por su gloria.

Al pedir posesión de su Reino, hacemos un acto de esperanza. Al desear que se cumpla su voluntad en la tierra como en el cielo, mostramos espíritu de perfecta obediencia. Pidiéndole que nos dé el pan nuestro de cada día, practicamos la pobreza según el espíritu y el desapego de los bienes de la tierra. Al rogarle que perdone nuestros pecados, hacemos un acto de contrición. Al perdonar a quienes nos han ofendido, ejercitamos la misericordia en la más alta perfección. Al implorar ayuda en la tentación, hacemos actos de humildad, prudencia y fortaleza. Al esperar que nos libre del mal, practicamos la paciencia. Finalmente, al pedir todo esto no sólo para nosotros, sino también para el prójimo y para todos los miembros de la Iglesia, nos comprometemos como verdaderos hijos de Dios, lo imitamos en la caridad, que abraza a todos los hombres, y cumplimos el mandamiento de amar al prójimo.

44- Detestamos, además, todos los pecados y practicamos todos los mandamientos de Dios cuando –al rezar esta oración- nuestro corazón sintoniza con la lengua y no mantenemos intenciones contrarias a estas divinas palabras. Puesto que, cuando reflexionamos en que Dios está en los cielos –es decir, infinitamente por encima de nosotros por la grandeza de su majestad-, entramos en los sentimientos del más profundo respeto en su presencia y, sobrecogidos de temor, huimos del orgullo y nos abatimos hasta el anonadamiento. Al pronunciar el nombre de Padre, recordamos que de Dios hemos recibido la existencia por medio de nuestros padres y la instrucción por medio de nuestros maestros. Todos los cuales representan para nosotros a Dios, cuya viva imagen constituyen. Por ello, nos sentimos obligados a honrarlos, o mejor dicho, a honrar a Dios en sus personas, y nos guardamos mucho de despreciarlos y afligirlos.

Cuando deseamos que el santo nombre de Dios sea glorificado, estamos bien lejos de profanarlo. Cuando consideramos el Reino de Dios como nuestra herencia, renunciamos a todo apego desordenado a los bienes de este mundo. Cuando pedimos con sinceridad para nuestro prójimo los bienes que deseamos para nosotros, renunciamos al odio, la disensión y la envidia.

Al pedir a Dios el pan de cada día, detestamos la gula y la voluptuosidad, que se nutre en la abundancia. Al rogar a Dios con sinceridad que nos perdone como perdonamos a quienes nos han ofendido, reprimimos la cólera y la venganza, devolvemos bien por mal y amamos a nuestros enemigos. Al pedir a Dios que no nos deje caer en el pecado en el momento de la tentación, manifestamos huir de la pereza y buscar los medios para combatir los vicios y salvarnos. Al rogar a Dios que nos libre del mal, tememos su justicia y nos alegramos, porque el temor de Dios es el principio de la sabiduría: el temor de Dios hace que el hombre evite el pecado.

EL AVEMARÍA: SUS EXCELENCIAS

45- La Santísima Virgen recibió esta divina salutación en orden a llevar a feliz término el asunto más sublime e importante del mundo, a saber: la encarnación del Verbo eterno, la reconciliación entre Dios y los hombres y la redención del género humano. Embajador de esta buena noticia fue el arcángel Gabriel, uno de los primeros príncipes de la corte celestial.

La salutación angélica contiene la fe y esperanza de los patriarcas, de los profetas y de los apóstoles. Es la constancia y la fortaleza de los mártires, la ciencia de los doctores, la perseverancia de los confesores y la vida de los religiosos (beato Alano). Es el cántico nuevo de la ley de la gracia, la alegría de los ángeles y de los hombres y el terror y confusión de los demonios.

Por la salutación angélica, Dios se hizo hombre, una virgen se convirtió en Madre de Dios, las almas de los justos fueron liberadas del limbo, se repararon las ruinas del cielo y los tronos vacíos fueron de nuevo ocupados, el pecado fue perdonado, se nos devolvió la gracia, se curaron las enfermedades, los muertos resucitaron, se llamó a los desterrados, se aplacó la Santísima Trinidad y los hombres obtuvieron la vida eterna. Finalmente, la salutación angélica es el arco iris, la señal de la clemencia y de la gracia dadas al mundo por Dios (beato Alano).

EL AVEMARÍA: SU BELLEZA

46- ...La salutación angélica es uno de los cánticos más bellos que podemos entonar a la gloria del Altísimo: <> La salutación angélica es precisamente el cántico nuevo que David predijo se cantaría en la venida del Mesías.

Hay un cántico antiguo y un cántico nuevo. El antiguo es el que cantaron los israelitas en acción de gracias por ... todos los favores celestiales. El cántico nuevo es el que entonan los cristianos en acción de gracias por la encarnación y la redención. Dado que estos prodigios se realizaron por el saludo del ángel, repetimos esta salutación para agradecer a la Santísima Trinidad por tan inestimables beneficios.

Alabamos a Dios Padre por haber amado tanto al mundo que le dio su Unigénito para salvarlo. Bendecimos a Dios Hijo por haber descendido del cielo a la tierra, por haberse hecho hombre y habernos salvado. Glorificamos al Espíritu Santo por haber formado en el seno de la Virgen María su cuerpo purísimo, que fue víctima de nuestros pecados. Con estos sentimientos de gratitud debemos rezar la salutación angélica, acompañándola de actos de fe, esperanza, caridad y acción de gracias por el beneficio de nuestra salvación.

(47) Aunque este cántico nuevo se dirige directamente a la madre de Dios y contiene sus elogios, es –no obstante- muy glorioso para la Santísima Trinidad, porque todo el honor que tributamos a la Santísima Virgen vuelve a Dios, causa de todas sus perfecciones y virtudes. Con él glorificamos a Dios Padre, porque honramos a la más perfecta de sus criaturas. Glorificamos al Hijo, porque alabamos a su Purísima Madre. Glorificamos al Espíritu Santo, porque admiramos las gracias con que colmó a su Esposa.

Del mismo modo que la Santísima Virgen con su hermoso cántico, el Magnificat, dirige a Dios las alabanzas y bendiciones que le tributó santa Isabel por su eminente dignidad de Madre del Señor, dirige inmediatamente a Dios los elogios y bendiciones que le presentamos mediante la salutación angélica.

(48) Si la salutación angélica glorifica a la Santísima Trinidad, también constituye la más perfecta alabanza que podamos dirigir a María.

Deseaba santa Matilde saber cuál era el mejor medio para testimoniar su tierna devoción a la Madre de Dios. Un día, arrebatada en éxtasis, vio a la Santísima Virgen que llevaba sobre el pecho la salutación angélica en letras de oro, y le dijo: "Hija mía, nadie puede honrarme con saludo más agradable que el que me ofreció la adorabilísima Trinidad. Por él me elevó a la dignidad de Madre de Dios. La palabra Ave –que es el nombre de Eva- me hizo saber que Dios en su omnipotencia me había preservado de toda mancha de pecado y de las calamidades a que estuvo sometida la primera mujer.

El nombre de María –que significa Señora de la luz- indica que Dios me colmó de sabiduría y luz, como astro brillante, para iluminar los cielos y la tierra.

Las palabras llena de gracia me recuerdan que el Espíritu Santo me colmó de tantas gracias, que puedo comunicarlas con abundancia a quienes las piden por mediación mía.

Diciendo el Señor es contigo, siento renovarse la inefable alegría que experimenté cuando el Verbo eterno se encarnó en mi seno.

Cuando me dicen bendita tú eres entre todas las mujeres, tributo alabanzas a la misericordia divina, que se dignó elevarme a tan alto grado de felicidad.

Ante las palabras bendito es el fruto de tu vientre, Jesús, todo el cielo se alegra conmigo al ver a Jesús, mi Hijo, adorado y glorificado por haber salvado al hombre."

(fuente: www.corazones.org)

domingo 5 de julio de 2009

"Nadie es profeta en su tierra"

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Marcos 6,1-6)

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: "¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?" Y estaban desconcertados. Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

Jesús seguía su con periplo evangélico visitando pueblos, hablando de la Buena Nueva, llevando el consuelo y la esperanza a los pecadores, invitando a todas las personas a rever su manera de vida y volver a Dios.

En este relato, Nuestro Señor se encuentra ante gente que lo conoce desde pequeño, que saben de su familia y quedan tan asombrados como desorientados por los prodigios que Él hacía.

Para pesar de Nuestro Señor, quienes lo estaban escuchando no le prestaban atención a su Palabra y se quedaron en lo superficial. Es decir, se quedaban en la historia humana de Jesús: procedía de una familia insignificante y pobre de Nazaret, había sido un humilde carpintero durante muchos años.

La célebre frase "Nadie es profeta en su tierra" hace referencia a los prejuicios tan frecuentes en todos los seres humanos. Muchas veces, entre nosotros mismos no sabemos escucharnos y nos juzgamos unos a otros con gran facilidad y hasta injustamente. ¡Cuántas veces se ha despreciado a alguien tan solo por su procedencia social o por su su aspecto físico!

Jesús como hombre también sufrió el prejuicio humano. Esos prejuicios que hicieron sufrir al Hijo de Dios hicieron que aquellas personas cerraran sus espíritus y no dejaron que Dios entre en sus vidas.

Este pasaje debería hacernos reflexionar acerca de cuan prejuiciosos podemos ser con nuestros hermanos y, sobre todo, con Dios. Cuántas veces podemos suponer lo que Dios quiere, lo que Dios siente, lo que Dios piensa... pero no dejamos que Dios sea Dios. Si queremos comunicarnos con Él, es importante primero vaciarse de prejuicios, sugestión e ideas para predisponer el propio espíritu a Dios.


...¿Jesús tuvo hermanos biológicos?

Nos detengamos para aclarar un punto importante. Leemos que la gente se preguntaba acerca de Jesucristo "¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón?", "¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?". Si uno lo lee literalmente, podría caer en la cuenta de que ese texto sagrado estaría en contradicción con lo que enseña Nuestra Madre Iglesia sobre la virginidad de María antes, durante y después de parir a Jesús, ya que nos da a pensar que Él habría tenido varios hermanos.

La Iglesia afirma la doctrina de la virginidad perpetua de María Santísima. Esto significa que ella fue siempre Virgen: antes, durante y después de dar a luz a Jesucristo.

La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, se fundamenta en una correcta interpretación de la Revelación, tomando en cuenta la Biblia y la Tradición Apostólica. En la Anunciación, el ángel dice a María que concebirá un hijo. María respondió al ángel: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?" (Lucas 1,34). ¿Por qué María hace esta pregunta?. "Conocer" para los hebreos significa tener relaciones. Si ella tuviera planes de tener relaciones sexuales con José o con otro hombre, entonces la pregunta sería absurda. Por eso, desde el principio, los cristianos han entendido en este pasaje que María tenía un voto de virginidad que debía mantenerse aún en caso de matrimonio. Sabemos que algunos judíos hacían este voto (Ej.: los Esenios). Además habían mujeres consagradas vírgenes para el servicio del Templo.

Para entender los pasajes de arriba es esencial entender el uso de las palabras según la cultura hebrea de los autores del Nuevo Testamento. Tanto el hebreo como el arameo (lenguaje de Jesús y sus discípulos) utilizan la misma palabra para designar a hermanos, a primos y a miembros del mismo clan. El Nuevo Testamento fue escrito en griego pero sus autores eran de cultura hebrea. La palabra hebrea que significa "hermanos" o "primos" fue traducida al texto original griego de la Biblia como "adelphos". A diferencia del hebreo o el arameo, el griego tiene una palabra específica para primos: "anepsios", pero los traductores del Nuevo Testamento, siendo de cultura hebrea, prefirieron usar "adelphos" para traducir la palabra aramea "hermanos" que, como hemos dicho incluye primos y otras relaciones. Es decir, utilizaron la palabra griega pero en el sentido original del lenguaje de Jesús.

Otro punto contundente que sostiene el Magisterio de la Iglesia Católica fue el episodio cuando Jesús agoniza en la Cruz. Cuando Él va dándose cuenta que estaba a punto de morir, al ver a su Madre al pie de la Cruz junto a Juan, el discípulo que la acompañaba, se muestra proocupado por la suerte de su Mamá.

En la tradición judía, cuando una mujer quedaba viuda, dejaba de ser propiedad de su marido para pasar a ser propiedad de su hijo mayor. Si ese hijo fallecía y la madres seguía viva, pasaba inmediatamente a estar con el hermano que que le seguía al hermano que seguía.

En el caso de Jesús, al ser el único hijo y su Santa Madre ser viuda, Él no quiere que María quede a la deriva y por eso le pide a Juan que cuide de Ella. Si Jesús hubiera tenido hermanos bilógicos, no hubiera hecho falta ese pedido de Nuestro Señor.

sábado 4 de julio de 2009

El camino al Padre

Dios nos habla por la naturaleza y por la revelación, por su providencia y por la influencia de su Espíritu. Pero esto no basta; necesitamos abrirle nuestro corazón. A fin de tener vida y energía espirituales debemos tener verdadero intercambio con nuestro Padre celestial. Nuestra mente puede ser atraída hacia Él; podemos meditar en sus obras, sus misericordias, sus bendiciones; pero esto no es, en el sentido pleno de la palabra, estar en comunión con Él. Para ponernos en comunión con Dios debemos tener algo que decirle tocante a nuestra vida real.

Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo. No es que se necesite esto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirle. La oración no baja a Dios hacia nosotros, antes bien nos eleva a Él.

Cuando Jesús estuvo sobre la tierra, enseñó a sus discípulos a orar. Les enseñó a presentar a Dios sus necesidades diarias y a confiarle toda su solicitud. Y la seguridad que les dio de que sus oraciones serían oídas nos es dada también a nosotros.

El Señor Jesús mismo, cuando habitó entre los hombres, oraba frecuentemente. Nuestro Salvador se identificó con nuestra necesidades y flaquezas al convertirse en un suplicante que imploraba de su Padre nueva provisión de fuerza, para avanzar vigorizado para el deber y la prueba. Él es nuestro ejemplo en todas las cosas. Es un hermano en nuestra debilidades, "tentado en todo así como nosotros", pero como ser inmaculado, rehuyó el mal; su alma sufrió las luchas y torturas de un mundo de pecado. Como humano, la oración fue para Él una necesidad y un privilegio. Encontraba consuelo y gozo en la comunión con su Padre. Y si el Salvador de los hombres, el Hijo de Dios, sintió la necesidad de orar, ¡cuánto más nosotros, débiles mortales, manchados por el pecado, no debemos sentir la necesidad de orar con fervor y constancia!

Nuestro Padre celestial está esperando para derramar sobre nosotros la plenitud de sus bendiciones. Es privilegio nuestro beber abundantemente en la fuente del amor infinito. ¡Cuán extraño es que oremos tan poco! Dios está pronto y dispuesto a oír la oración de sus hijos, y no obstante hay de nuestra parte mucha vacilación para presentar nuestras necesidades delante de Dios. Qué pueden los ángeles del cielo pensar de unos seres humanos pobres y sin fuerza, sujetos a la tentación, y que sin embargo oran tan poco y tienen tan poca fe, cuando el gran Dios lleno de infinito amor se compadece de ellos y está pronto para darles más de lo que pueden pedir o pensar? Los ángeles se deleitan en postrarse delante de Dios y en estar cerca de Él. Es su mayor delicia estar en comunión con Dios; y con todo, los hijos de los hombres, que tanto necesitan la ayuda que sólo Dios puede dar, parecen satisfechos con andar privados de la luz de su Espíritu y de la compañía de su presencia.

Las tinieblas del malo cercan a aquellos que descuidan la oración. Las tentaciones secretas del enemigo los incitan al pecado; y todo porque ellos no se valen del privilegio de orar que Dios les ha concedido. ¿Por qué os hijos y las hijas de Dios han de ser tan remisos para orar, cuando la oración es la llave en la mano de la fe para abrir el almacén del cielo, donde están atesorados los recursos infinitos de la Omnipotencia? Sin oración incesante y vigilancia diligente corremos el riesgo de volvernos indiferentes y de desviarnos del sendero recto. Nuestro adversario procura constantemente obstruir el camino al propiciatorio , para que no obtengamos, mediante fervientes súplicas y fe, gracia y poder para resistir la tentación.

Hay ciertas condiciones de acuerdo con las cuales podemos esperar que Dios oiga y conteste nuestras oraciones. Una de las primeras es que sintamos necesidad de la ayuda que Él puede dar. Nos ha dejado esta promesa: "Porque derramaré aguas sobre la tierra sedienta, y corrientes sobre el sequedal" (Isa. 44:3). Los que tienen hambre y sed de justicia, los que suspiran por Dios, pueden estar seguros de que serán saciados. El corazón debe estar abierto a la influencia del Espíritu; de otra manera no puede recibir las bendiciones de Dios.

Nuestra gran necesidad es en sí misma un gran argumento, y habla elocuentemente en nuestro favor. Pero se necesita buscar al Señor para que haga estas cosas por nosotros. Nos dice: "Pedid y se os dará" (Mat. 7:7). Y "el que ni aun a su propio Hijo perdonó, sino que le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar también de pura gracia todas las cosas, juntamente con Él?" (Rom. 8:32).

Si toleramos la iniquidad en nuestro corazón, si nos aferramos a algún pecado conocido, el Señor no nos oirá: mas la oración del alma arrepentida y contrita será siempre aceptada. Cuando hayamos confesado con corazón contrito, y reparado en lo posible todos nuestros pecados conocidos, podremos esperar que Dios contestará nuestras oraciones. Nuestros propios méritos no nos recomiendan a la gracia de Dios. Es el mérito del Señor Jesús lo que nos salva y su sangre lo que nos limpia; sin embargo nosotros tenemos una obra que hacer para cumplir las condiciones de la aceptación. La oración eficaz tiene otro elemento: la fe, "porque el que se acerca a Dios, necesita creer que existe, y que recompensa a quien lo busca" (Heb. 11:6). El Señor Jesús dijo a sus discípulos: "Todo cuanto pidiereis en la oración, creed que lo recibisteis ya; y lo tendréis" (Mar. 11:24). ¿Creéis al pie de la letra todo lo que nos dice?

La seguridad es amplia e ilimitada, y fiel es el que ha prometido. Cuando no recibimos precisamente y al instante las cosas que pedimos, debemos seguir creyendo que el Señor oye y que contestará nuestras oraciones. Somos tan cortos de vista y propensos a errar, que algunas veces pedimos cosas que no serían una bendición para nosotros, y nuestro Padre celestial contesta con amor nuestras oraciones dándonos aquello que es para nuestro más alto bien, aquello que nosotros mismos desearíamos si, alumbrados de celestial saber, pudiéramos ver todas las cosas como realmente son. Cuando nos parezca que nuestras oraciones no son contestadas, debemos aferrarnos a la promesa; porque el tiempo de recibir contestación vendrá con seguridad y recibiremos las bendiciones que más necesitamos. Por supuesto, pretender que nuestras oraciones sean siempre contestadas en la misma forma y según la cosa particular que pidamos es presunción. Dios es demasiado sabio para equivocarse, y demasiado bueno para negar un bien a los que andan en integridad. Así que no temáis confiar en Él, aunque no veáis la inmediata respuesta a vuestras oraciones. Confiad en la seguridad de su promesa: "Pedid, y se os dará".

Si consultamos nuestra dudas y temores, o antes de tener fe procuramos resolver todo lo que no veamos claramente, las perplejidades no harán sino acrecentarse y ahondarse. Pero si nos allegamos a Dios sintiéndonos desamparados y necesitados, como realmente somos, y con fe humilde y confiada presentamos nuestra necesidades a Aquel cuyo conocimiento es infinito y que ve toda la creación y todo lo gobierna por su voluntad y palabra, Él puede y quiere atender a nuestro clamor, y hará resplandecer la luz en nuestro corazón. Por la oración sincera nos ponemos en comunicación con la mente del Infinito. Quizás no tengamos al instante alguna prueba notable de que el rostro de nuestro Redentor se inclina hacia nosotros con compasión y amor; y sin embargo es así. Tal vez no sintamos su toque manifiesto, mas su mano se extiende sobre nosotros con amor y piadosa ternura.

Cuando imploramos misericordia y bendición de Dios, debemos tener un espíritu de amor y perdón en nuestro propio corazón. ¿Cómo podemos orar: "Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mat. 6:12) y abrigar, sin embargo, un espíritu que no perdona? Si esperamos que nuestra oraciones sean oídas, debemos perdonar a otros como esperamos ser perdonados nosotros.

La perseverancia en la oración ha sido constituida en condición para recibir. Debemos orar siempre si queremos crecer en fe y en experiencia. Debemos ser "perseverantes en la oración" (Rom. 12:12). "Perseverad en la oración, velando en ella, con acciones de gracia" (Col. 4:2). El apóstol Pedro exhorta a los cristianos a que sean "sobrios y vigilantes en las oraciones" (1 Ped. 4:7). El apóstol Pablo aconseja: "En todas las circunstancias, por medio de la oración y la plegaria, con acciones de gracias, dense a conocer vuestras peticiones a Dios" (Fil. 4:6). "Vosotros empero, hermanos... orando en el Espíritu Santo, guardaos en el amor de Dios" (Jud. 20, 21). Orar sin cesar es mantener una unión continua del alma con Dios, de modo que la vida de Dios fluya a la nuestra, y de nuestra vida la pureza y la santidad refluyan a Dios.

Es necesario ser diligentes en la oración; ninguna cosa os lo impida. Haced cuanto podáis para que haya una comunión continua entre el Señor Jesús y vuestra alma. Aprovechad toda oportunidad de ir adonde se suela orar. Los que están realmente procurando mantenerse en comunión con Dios asistirán a los cultos de oración, serán fieles en cumplir su deber, y ávidos y ansiosos de cosechar todos los beneficios que puedan alcanzar. Aprovecharán toda oportunidad de colocarse donde puedan recibir rayos de luz celestial.

Debemos orar también en el círculo de nuestra familia; y sobre todo no descuidar la oración privada, porque ella es la vida del alma. Es imposible que el alma florezca cuando se descuida la oración. La sola oración pública o con la familia no es suficiente. En medio de la soledad, abrid vuestra alma al ojo penetrante de Dios. La oración secreta sólo debe ser oída por el Dios que oye las oraciones. Ningún oído curioso debe recibir el peso de tales peticiones. En la oración privada el alma está libre de las influencias del ambiente, libre de excitación. Tranquila pero fervientemente se elevará la oración hacia Dios. Dulce y permanente será la influencia que dimana de Aquel que ve en lo secreto, cuyo oído está abierto a la oración que brota del corazón. Por una fe sencilla y serena el alma se mantiene en comunión con Dios, y recoge los rayos de la luz divina para fortalecerse y sostenerse en la lucha contra Satanás. Dios es el castillo de nuestra fortaleza.

Orad en vuestro gabinete; mientras atendéis a vuestro trabajo cotidiano, levantad a menudo vuestro corazón a Dios. Así fue como anduvo Enoc con Dios. Esas oraciones silenciosas suben como precioso incienso ante el trono de la gracia. Satanás no puede vencer a aquel cuyo corazón está así apoyado en Dios.

No hay tiempo o lugar en que sea impropio orar a Dios. No hay nada que pueda impedirnos elevar nuestro corazón en ferviente oración. En medio de las multitudes de las calles o en medio de una sesión de nuestros negocios, podemos elevar a Dios una oración e implorar la dirección divina, como lo hizo Nehemías cuando presentó una petición delante del rey Artajerjes. Dondequiera que estemos podemos estar en comunión con Dios. Debemos tener abierta de continuo la puerta del corazón e invitar siempre al Señor Jesús a venir y morar en nuestra alma como huésped celestial.

Aunque estemos rodeados de una atmósfera corrompida y mancillada, no necesitamos respirar sus miasmas; antes bien podemos vivir en el ambiente limpio del cielo. Elevando el alma a Dios mediante la oración podemos cerrar la entrada a toda imaginación impura y a todo pensamiento impío. Aquellos cuyo corazón esté abierto para recibir el apoyo y la bendición de Dios andarán en una atmósfera más santa que la del mundo y tendrán constante comunión con el cielo.

Necesitamos tener ideas más claras del Señor Jesús y una comprensión más completa del valor de las realidades eternas. La hermosura de la santidad ha de saciar el corazón de los hijos de Dios; y para que esto suceda debemos buscar las revelaciones de las cosas celestiales.

Esfuércese nuestra alma y elévese para que Dios nos permita respirar la atmósfera celestial. Podemos mantenernos tan cerca de Dios que en cualquier prueba inesperada nuestros pensamientos se vuelvan hacia Él tan naturalmente como la flor se vuelve hacia el sol.

Presentad a Dios vuestras necesidades, tristezas, gozos, cuidados y temores. No podéis agobiarle ni cansarle. El que tiene contados los cabellos de vuestra cabeza no es indiferente a las necesidades de sus hijos. "Porque el Señor es muy misericordioso y compasivo" (Sant. 5:11). Su amoroso corazón se conmueve por nuestras tristezas y aun por nuestra presentación de ellas. Llevadle todo lo que confunda vuestra mente. Ninguna cosa es demasiado grande para que Él no la pueda soportar, pues sostiene los mundos y rige todos los asuntos del universo. Ninguna cosa que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeña que Él no la note. No hay en nuestra experiencia ningún pasaje tan oscuro que Él no lo pueda leer, ni perplejidad tan grande que no la pueda desenredar. Ninguna calamidad puede acaecer al más pequeño de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltar el alma, ningún gozo alegrar, ninguna oración sincera escaparse de los labios, sin que el Padre celestial lo note, sin que tome en ello un interés inmediato. Él "sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas" (Sal. 147:3). Las relaciones entre cada una de las almas y Dios son tan plenas como si no hubiese otra alma por la cual hubiera dado a su Hijo amado.

El Señor Jesús decía: "Pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros; porque el mismo Padre os ama" (Juan 16:26,27). "Yo os elegí a vosotros... para que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, Él os lo dé" (Juan 15:16). Orar en el nombre del Señor Jesús es más que hacer simplemente mención de su nombre al principio y al fin de la oración. Es orar con los sentimientos y el espíritu de Él, creyendo en sus promesas, confiando en su gracia y haciendo sus obras.

Dios no pide que algunos de nosotros nos hagamos ermitaños o monjes, ni que nos retiremos del mundo, a fin de consagrarnos a los actos de adoración. Nuestra vida debe ser como la vida de Cristo, que estaba repartida entre la montaña y la multitud. El que no hace nada más que orar, pronto dejará de hacerlo, o sus oraciones llegarán a ser una rutina formal. Cuando los hombres se alejan de la vida social, de la esfera del deber cristiano y de la obligación de llevar su cruz, cuando dejan de trabajar fervorosamente por el Maestro que trabajó con ardor por ellos, pierden lo esencial de la oración y no tienen ya estímulo para la devoción. Sus oraciones llegan a ser personales y egoístas. No pueden orar por las necesidades de la humanidad o la extensión del reino de Cristo ni pedir fuerza con que trabajar.

Sufrimos una pérdida cuando descuidamos la oportunidad de congregarnos para fortalecernos y edificarnos mutuamente en el servicio de Dios. Las verdades de su Palabra pierden en nuestras almas su vivacidad e importancia. Nuestros corazones dejan de ser alumbrados y vivificados por la influencia santificadora y nuestra espiritualidad declina. En nuestro trato como cristianos perdemos mucho por falta de simpatía mutua. El que se encierra completamente dentro de sí mismo no ocupa la posición que Dios le señaló. El cultivo apropiado de los elementos sociales de nuestra naturaleza nos hace simpatizar con otros, y es para nosotros un medio de desarrollarnos y fortalecernos en el servicio de Dios.

Si todos los cristianos se asociaran y se hablasen unos a otros del amor de Dios y de las preciosas promesas de la redención, su corazón se robustecería, y se edificarían mutuamente. Aprendamos diariamente más de nuestro Padre celestial, obteniendo una nueva experiencia de su gracia, y entonces desearemos hablar de su amor. Mientras lo hagamos, nuestro propio corazón se enternecerá y reanimará. Si pensáramos y habláramos más del Señor Jesús y menos de nosotros mismos, tendríamos mucho más de su presencia.

Si tan sólo pensáramos en Él tantas veces como tenemos pruebas de su cuidado por nosotros, lo tendríamos siempre presente en nuestros pensamientos y nos deleitaríamos en hablar de Él y en alabarle. Hablamos de las cosas temporales porque tenemos interés en ellas. Hablamos de nuestros amigos porque los amamos; nuestras tristezas y alegrías están ligadas con ellos. Sin embargo, tenemos razones infinitamente mayores por amar a Dios que por amar a nuestros amigos terrenales, y debería ser la cosa más natural del mundo darle el primer lugar en nuestros pensamientos, hablar de su bondad y alabar su poder. Los ricos dones que ha derramado sobre nosotros no estaban destinados a absorber nuestros pensamientos y amor de tal manera que nada tuviéramos que dar a Dios; al contrario, debieran hacernos acordar constantemente de Él y unirnos por vínculos de amor y gratitud a nuestro Benefactor celestial. Vivimos demasiado apegados a lo terreno. Levantemos nuestros ojos hacia la puerta abierta del santuario celestial, donde la luz de la gloria de Dios resplandece en el rostro de Cristo, quien "también, puede salvar hasta lo sumo a los que se acercan a Dios por medio de él." (Hebreos 7:25). Necesitamos alabar más a Dios por su "misericordia" "y sus maravillas para con los hijos de los hombres." (Salmo 107:8). Nuestro ejercicios de devoción no deben consistir enteramente en pedir y recibir. No estemos pensando siempre en nuestras necesidades y nunca en los beneficios que recibimos. No oramos nunca demasiado, pero somos muy parcos en dar gracias. Constantemente estamos recibiendo las misericordias de Dios y, sin embargo, ¡cuán poca gratitud expresamos! ¡cuán poco le alabamos por lo que ha hecho en nuestro favor!

Antiguamente el Señor ordenó esto a Israel para cuando se congregara a fin de rendirle culto: "Comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios; y os regocijaréis vosotros y vuestras familias en toda empresa de vuestra mano, en que os habrá bendecido Jehová vuestro Dios." (Deuteronomio 12:7). Lo que se hace para gloria de Dios debe hacerse con alegría, con cánticos de alabanza y acción de gracias, no con tristeza y semblante adusto.

Nuestro Dios es un Padre tierno y misericordioso. Su servicio no debe mirarse como una cosa que entristece, como un ejercicio que desagrada. Debe ser un placer adorar al Señor y participar en su obra. Dios no quiere que sus hijos, a los cuales proporcionó una salvación tan grande, obren como si Él fuera un amo duro y exigente. Él es nuestro mejor amigo; y cuando le adoramos quiere estar con nosotros, para bendecirnos y confortarnos llenando nuestro corazón de alegría y amor. El Señor quiere que sus hijos hallen consuelo en servirle y más placer que fatiga en su obra. Él quiere que quienes vengan a adorarle se lleven pensamientos preciosos acerca de su amor y cuidado, a fin de que estén alentados en toda ocasión de la vida y tengan gracia para obrar honrada y fielmente en todo.

Debemos reunirnos en torno a la cruz. Cristo, y Cristo crucificado, debe ser el tema de nuestra meditación, conversación y más gozosa emoción. Debemos recordar todas las bendiciones que recibimos de Dios; y al cerciorarnos de su gran amor, debiéramos estar dispuestos a confiar todas las cosas a la mano que fue clavada en la cruz en nuestro favor.

El alma puede elevarse hacia el cielo en alas de la alabanza. Dios es honrado con cánticos y música en las mansiones celestiales, y al expresar nuestra gratitud nos aproximamos al culto que rinden los habitantes del cielo. Se nos dice: "El que ofrece sacrificio de alabanza me glorificará." (Salmo 50:23). Presentémonos, pues, con gozo reverente delante de nuestro Creador, con "acciones de gracias y voz de melodía." (Isaías 51:3).

(fuente: http://www.libros1888.com/Buenasnuevas/oracion.htm)

viernes 3 de julio de 2009

Eduardo Meana - Alianza




Te amé con todo mi amor, te rescaté del dolor y te curé en el desierto
Calmé tu hambre y tu sed, con juramento sellé un pacto de amor eterno
Oh ¿porqué entónces te revelaste, fueron sordos a mi voz tus oídos?
Y ahora estás tan sin luz, estás perdido

¿porqué no vuelves hijo mío?, si esta en mis brazos tu lugar,
si tu conoces el camino, ¿porqué, porqué esperar?
¿porqué no vuelves pueblo mío?, te abro la fuente del perdón,
que resplandezca nuestra alianza, será un lazo de amor

Mi rayo resplandeció, tu corazón aprendió que son mi amor y justicia
Probaste mi intimidad, mi ley que es miel de bondad para curar tu malicia
Oh, ¿porqué entónces te separaste, te apoyaste en lo que es nada y vacío?,
y ahora estas desolado, estas herido.

jueves 2 de julio de 2009

Noviazgo... ¿para qué?

Una de las necesidades más básicas del ser humano es el amar y ser amado.

Desde que se nace, cada persona tiene la necesidad natural de ser cobijado por el amor de su familia, el cual es fundamental en el desarrollo afectivo y social; con el tiempo aparecen los amigos, que son aquellos compañeros de ruta con los que se comparten distintas vivencias y, en un determinado momento de la vida misma, aparece la atracción por una persona del sexo opuesto.

Esas primeras atracciones suelen despertar fantasías e ilusiones que suelen embelezar los días de quien ama. Más aún lo es si ese sentir es correspondido.

Suele ser frecuente hablar de relaciones rápidas o noviazgos. En esta oportunidad, abordaremos lo que entendemos por una relación de pareja basada en el amor. Influenciados por la televisión, revistas y canciones que son supuestamente románticas, los jóvenes pueden tener distintas concepciones de lo que es el amor que derivan en confusiones y distorsiones de lo que realmente es.

Si intentamos hacer una definición, podríamos decir que el noviazgo es aquella relación entre un chico y una chica fundamentada en amor mutuo, respeto recíproco y un compromiso que debe ser compartido y honrado por ambos cimentando las bases de una familia futura.

Normalmente, un noviazgo empieza con una simple atracción y una cierta afinidad en el trato que ambas personas se brindan. Si bien la atracción sexual prima al principio de toda relación, no debe ser lo único que se tenga en común en una pareja. Ambos deben saber construir la relación buscando no solo el bien propio sino también el bien de la otra persona; al estar de novios, se empieza a pensar no solo en desde el "yo", sino desde el "nosotros".

Cuando se inicia un noviazgo es muy importante fijar pautas en la relación. Aunque para algunos pueda parecer redundante, a la larga siempre es positivo para ambos dejar bien en claro los tantos acerca del noviazgo en si mismo, de lo que cada uno espera del otro, de las cosas que le molestaría y de lo que se piensa acerca de la sexualidad para no dejar nada librado exclusivamente a los impulsos. Dejar todo bien en claro desde el principio ayuda muchísimo después a caminar de a dos en la relación, ya que el sinceramiento da una auténtica libertad.

Después de un cierto tiempo de estar juntos, la idealización de la persona amada va dejando lugar a la realidad cuando se van conociendo mejor mutuamente y aparecen los defectos y limitaciones que toda persona tiene. Si el amor que los une es real, todas esas diferencias podrán ser superadas siendo fraternos el uno con el otro, ayudando a cambiar lo que se puede cambiar y sabiendo aceptar y amar lo que no se puede cambiar.

El mutuo respeto es fundamental en un noviazgo. Respetar al otro significa saber aceptar la personalidad del otro; saber comprender y aceptar sus momentos y tiempos. Respetar al otro significa amarlo tal cual es, con sus virtudes y defectos, aciertos y errores, con su pasado y su presente. Respetar al otro es dejar que también tenga sus espacios para encontrarse con amigos y realizar actividad provechosas para su vida.

Claro que respetar al otro no significa la propia anulación de uno mismo: debe ser una actitud recíproca. No es para nada bueno que una persona renuncie a su personalidad con tal de tener al otro al lado como así tampoco es constructivo que uno de los dos se imponga hasta manipular al otro: eso no es amor, no nos engañemos.

No hay una edad apropiada para estar de novios como para fijar una norma general. Sería absurdo hablar de eso. Pero sí es necesario que una persona tenga la capacidad de amar y de asumir un compromiso junto al ser amado. Cada cual sábrá cual es su mejor momento.


Una sexualidad sana y libre en el noviazgo

Un punto clave en el noviazgo es la sexualidad. Es natural que los muchachos no vivan la sexualidad de la misma manera que las chicas; es por eso que lo básico es el diálogo sincero y el respeto mutuo. Es importante que los novios puedan conversar acerca de la sexualidad de ambos, como manejar las caricias entre ambos, qué piensan uno y otro sobre las relaciones sexuales.

Es común que el concepto de libertad sea muy manoseado y deformado. No son pocas las personas que entienden que ser libre es poder hacer lo que a uno le plazca. Pero no es así.

La libertad bien entendida es aquella que necesariamente nos hace crecer como personas. Hacerse cargo de la propia libertad no solo poder elegir cada paso que se da sino también tener la responsabilidad de asumir las consecuencias de nuestras decisiones tomadas.

Si hay amor verdadero, por más impulsos que uno sienta, se debe saber respetar al otro. Nunca es constructivo para ambos hacer del otro un mero objeto de placer. Ambos deben ser libres para saber ser dueños de su sexualidad, es decir, ejercer la propia libertad implica el señorío sobre las propias pasiones para poder ponerlas al servicio del amor que los une y no de los caprichos y meros instintos de uno.

La sexualidad de la pareja se construye desde el primer momento. Es fundamental. Hay que ser sinceros con uno mismo y con la otra persona y saber reconocer la debilidad de la carne, es por eso que se hace preciso dialogar y fijar pautas acerca de las caricias íntimas. Hay que ser concientes siempre de que una cosa lleva a la otra y después de que se pasa una barrera, no se vuelve atrás. No se trata de represión sexual: es cuestión de educarse mutuamente, por amor, para que ambos crezcan como personas.

Cuando uno accede a tener relaciones sexuales, quiérase o no, está entregando lo más íntimo de su propio cuerpo; es la máxima expresión de amor que se puede hacer físicamente. Entonces, teniendo en cuenta de que somos seres humanos y, por ende, mucho más que cuerpos, esa entrega carnal debe ir acompañada de una total donación del propio ser hacia el otro.

Es por eso que en Nuestra Iglesia se enseña que el mejor momento para una relación sexual es cuando entre las dos personas ya hay una maduración en el amor hecha de a dos y un sólido compromiso asumido... ésto se logra en el matrimonio.

Llegar a ese ideal no se logra facilmente. Para nada. Significa un arduo camino de dominio por amor al otro, es un camino que se hace de a dos. De ahí la importancia de que en el noviazgo lo sexual no sea dejado al azar o a los impulsos, es un camino que debe ser caminado voluntaria y concientemente.

Cualquier relación sexual antes del matrimonio puede estar viciada de egoísmos. Bien sabemos que las pasiones pueden tomar el control de una persona al punto de inventar numerosos justificativos como para convencerse de que no es malo tener una relación sexual; escuchamos por ahí justificaciones como "es que nos amamos", "si nos amamos, está bien", "no es bueno reprimirse", "todos los hacen", "la virginidad es algo anticuado" y demás. La virginidad no es un fin en si mismo, sino que es un valor que nos ayuda a purtificar nuestra afectividad.

Como novios es básico cultivar la castidad. La castidad es la virtud por la cual una persona lo dominar (no significa reprimir) sus impulsos sexuales en función de la fe y la razón.

Es decir, ser castos no signifca significa ser reprimidos sino poner la sexualidad al correcto servicio de uno mismo y de los demás, según el plan de Dios. Todas las personas sabemos no es nada sencillo dominar siempre las pasiones sexuales, y es por eso que debemos ser siempre vigilantes para que no terminemos esclavizados de los impulsos: esa esclavitud deriva en vicio y los vicios nunca son constructivos ni nos proporcionan la verdadera felicidad.

La castidad no es solamente para las personas solteras y las que son consagradas religiosamente, también es para las personas que se consagran a través del Matrimonio. El placer sexual es intrínsecamente bueno porque Dios lo ha creado y está en uno saberlo utilizar según su Voluntad cuando se está casado.


Edificar sobre roca

Cuando se empieza un noviazgo, se puede decir que esos enamorados están empezando a construir su futura familia.

Ésto último es independiente si, al cabo de un tiempo, esa pareja decide (o no) asumir el compromiso formal y religioso de casarse y tener hijos. ¿Por qué? Cuando una persona acepta estar de novio, lo debe hacer con amor y con la mayor sinceridad hacia la otra persona; si con el tiempo, uno de los novios (o, tal vez, los dos) se da cuenta de que la otra persona ya no es la indicada y decide dar fin a ese noviazgo, al cabo del tiempo, si fue un verdadero amor, necesariamente será provechoso para el crecimiento personal de cada uno de los que fueron novios siendo la experiencia útil para una futura relación.

Un noviazgo es bueno en la medida en que, más allá de algún disgusto, contribuya a las dos personas a crecer en el amor, más allá de que terminen formando una familia o si, en algún momento, deciden tomar caminos distintos.

Un punto muy importante a educar en el noviazgo es la fidelidad al ser amado. Bien sabemos de las consecuencias nocivas que la infidelidad en el matrimonio puede tener para toda una familia; por más que haya más de una persona que no solo justifique sino que aplauda las infidelidades, es innegable que encierra una cuota de egoísmo, mentira y traición. Cuando se está de novio, es muy bueno dialogar sobre este tema, ayudarse y ser sinceros el uno con el otro. Ser fiel implica momentos de lucha interna. La fidelidad es siempre buena, y es algo que se va educando dominando las propias pasiones por amor: si un novio ha sido fiel durante su noviazgo, tiene más probabilidades de ser fiel durante el matrimonio.

Como decíamos al principio, el noviazgo implica un compromiso que los dos novios asumen con total libertad. Es un compromiso mutuo de amarse, respetarse y acompañarse, más allá de los circunstanciales estados de ánimo.

Como vemos, si hablamos de noviazgo, hablamos de amor. Y no es poca cosa. Y no es para tomárselo a la ligera. Si vemos una relación que le llaman noviazgo pero no hay respeto, no hay compromiso, no hay fidelidad, es otra cosa. No le llamemos a eso amor... las cosas por su nombre.

Es muy positivo compartir la fe en el noviazgo. El noviazgo cobra otro sentido cuando los novios acostumbran a rezar el un por el otro y a compartir momentos de oración, Eucaristías y Misas. Poner a Dios en el noviazgo es básico porque Él es el Amor. También a María, Nuestra Madre Celestial, se puede recurrir para nos ampare y nos guíe para purificar siempre el amor de los novios.

El amor verdadero siempre nos hace feliz, siempre nos construye, siempre nos dignifica. De eso se trata también estar de novio. Y un matrimonio feliz no se logra de la noche a la mañana: un matrimonio feliz es producto no solo de el amor cotidiano y la lucha diaria, se fundamenta en un noviazgo sano y sólido.

martes 30 de junio de 2009

La oración de contemplación

por el Cardenal Norberto Rivera.

La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. "Yo lo miro y él me mira", decía, en tiempos de su santo cura, un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario. Esta atención a Él es renuncia a “mí”. Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres.

La contemplación dirige también su mirada a los misterios de la vida de Cristo. Aprende así el "conocimiento interno del Señor" para más amarlo y seguirlo (Cf San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales 104).

La contemplación es escucha de la palabra de Dios. Lejos de ser pasiva, esta escucha es la obediencia de la fe, acogida incondicional de siervo y adhesión amorosa del hijo. Participa en el “sí” del Hijo hecho siervo y en el "fiat" de su humilde esclava. La contemplación es silencio, este "símbolo del mundo venidero" (San Isaac de Nínive, Tractatus Mystici 66) o "amor silencioso" (San Juan de la Cruz). Las palabras en la oración contemplativa no son discursos, sino ramillas que alimentan el fuego del amor. En este silencio, insoportable para el hombre "exterior", el Padre nos da a conocer a su Verbo encar-nado, sufriente, muerto y resucitado, y el Espíritu filial nos hace partícipes de la oración de Jesús (Catecismo de la Iglesia Católica 2715 - 2717).

Junto a la oración vocal y a la meditación, la oración contemplativa es una de las tres grandes clases de oración cristiana. El Catecismo de la Iglesia Católica las resume así en los números 2721 - 2724:

"La tradición cristiana contiene tres importantes expresiones de la vida de oración: la oración vocal, la meditación y la oración contemplativa. Las tres tienen en común el recogimiento del corazón."

La oración vocal, fundada en la unión del cuerpo con el espíritu en la naturaleza humana, asocia el cuerpo a la oración interior del corazón a ejemplo de Cristo que ora a su Padre y enseña el “Padrenuestro” a sus discípulos (el Catecismo de la Iglesia Católica la explica con más amplitud en los números 2700 - 2704).

La meditación es una búsqueda orante, que hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción, el deseo. Tiene por objeto la apropiación creyente de la realidad considerada, que es confrontada con la realidad de nuestra vida (el Catecismo de la Iglesia Católica la explica con más amplitud en los números 2705 - 2708).

La oración contemplativa es la expresión sencilla del misterio de la oración. Es una mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la Palabra de Dios, un silencioso amor. Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en que nos hace participar de su misterio (el Catecis-mo de la Iglesia Católica la explica con más amplitud en los números 2709 - 2719).

Esta forma de oración, la contemplativa, no por ser la última que se trata es la menos importante. Al contrario, la oración contemplativa es un medio privilegiado para llegar a un conocimiento íntimo y experimental de Jesucristo que acrecienta y fortalece el amor a Él. Es, como dice el Catecismo, la expresión sencilla del misterio de la oración (Cf Catecismo de la Iglesia Católica 2713). Al mismo tiempo, es la oración de los grandes santos, verdaderos maestros de la unión con Dios: San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Santa Catalina de Siena, San Francisco de Asís, etc. Es un tipo de oración que, precisamente por su simplicidad, está al alcance de todo el mundo, independientemente de su temperamento o de su mayor o menor capacidad intelectual. Es aquella en la que resulta más fácil iniciarse con verdadero fruto, sin rutina.

La oración contemplativa o de contemplación consiste en “hacerse presente” en la escena o el misterio que se contempla. Es tomar, por ejemplo, un pasaje evangélico y recrearlo en la mente metiéndose en él como protagonista (tomar el papel de uno de los personajes que aparecen como, por ejemplo, asumir la figura de Juan a los pies de la cruz de Cristo en Juan 19, 25-27) o destinatario (pensar que todo eso sucede por mí o para mí: Cristo nace para mí, muere por mis pecados, etc.).

La forma de “meterse” es a través de los sentidos actuados en y con la imaginación: ver las personas que entran en la escena, oír lo que dicen o pueden decir, lo que comentan entre sí, mirar buscando centrar la atención en lo que hacen los personajes, participar, ayudar, etc. Lo que se hace no es recordar un hecho histórico de forma artificial, sino actualizar la historia de la salvación compuesta de eventos situados en la historia, pero con un alcance universal (Cristo cuando muere, muere por los pecados de todos los seres humanos de todos los tiempos y los redime; cuando nace, nace para todos los hombres de todas las edades de la historia; sus enseñanzas son también para siempre y para todos). Por ello, no se trata de ser mero espectador de todos los sucesos y enseñanzas que presenta el Evangelio, sino de actualizarlos trayéndolos al aquí y al ahora de nuestras vidas. Por eso es válido revivirlos en el corazón, recrear un diálogo con el Señor, escucharlo, actuar en las distintas situacio-nes que presenta la Escritura (por ejemplo, ser recibido en los brazos del Padre como el hijo pródigo o recibir a Cristo en casa como Marta y María). De todo ello se sacan enseñanzas muy válidas para la vida espiritual que ayudan a revisar a fondo la conciencia y a dialogar con más naturalidad con Cristo.

El centro de este tipo de oración está en la aplicación de los sentidos y de todas las facultades humanas que actúan a partir de ellos: la imaginación, el entendi-miento, la voluntad. Efectivamente, el contemplar los misterios y meter en ellos el oído, el gusto, la vista, hace más fácil el paso a los sentimientos (por ejemplo, el amor a Dios al ver cómo nos acoge y perdona, el deseo de seguir a Cristo al ver su compor-tamiento paciente y humilde en los sufrimientos de la pasión, el contento, el descon-tento, el rechazo, la confianza, la alegría, etc.), a la valoración y apropiación de las verdades de fe (por ejemplo, la maldad del pecado al ver lo que hace Cristo para borrarlo, la divinidad de Cristo al contemplar su resurrección o los milagros que realizaba, etc.) o a las resoluciones de la voluntad (por ejemplo, el deseo de no cometer ningún pecado para corresponder así a la amistad de Cristo que sufrió mucho por mí, el propósito de confesar los propios pecados al contemplar la misericordia que usó Jesucristo con la adúltera, la resolución de imitar el amor de Cristo en el perdón y la disculpa de las ofensas al contemplar el momento en que pronuncia la frase: “perdónalos porque no saben lo que hacen” o el servicio humilde a los demás cuando les lava los pies en la Última Cena). Esto es lo que hace más sencillo este tipo de oración, porque involucra a todo el ser humano. En otras formas de oración resulta más trabajoso meter todas las facultades humanas.

El dinamismo de este modo de oración es, por tanto, el siguiente: parte de la contemplación de un misterio o de un hecho de la vida del Señor, de la Santísima Virgen o de la Historia de la salvación (ver las personas, escuchar lo que dicen, considerar las acciones) y sus implicaciones para la propia vida, hasta llegar a los afectos y las mociones de la voluntad que engendran la decisión de la entrega, el seguimiento y la imitación. Al final se recogen los frutos de la contemplación, que son muchos y, seguramente, el más importante es que nos hace partícipes del misterio de Cristo (Cf Catecismo de la Iglesia Católica 2718).

Todo lo dicho hasta aquí podría hacer pensar que en la oración contemplativa se avanza casi sin esfuerzo. Sin embargo, la oración contemplativa también requiere de ese necesario combate de la oración para vencer las objeciones, las distracciones, las dificultades, las tentaciones, y perseverar en el amor (Cf Catecismo de la Iglesia Católica 2725 - 2758). “La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra parte. Supone siempre un esfuerzo. Los grandes orantes de la Antigua Alianza antes de Cristo, así como la Madre de Dios y los santos con Él, nos enseñan que la oración es un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador que hace todo lo posible por separar al hombre de la oración, de la unión con su Dios. Se ora como se vive, porque se vive como se ora. El que no quiere actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo, tampoco podrá orar habitual-mente en su Nombre. El combate espiritual de la vida nueva del cristiano es insepara-ble del combate de la oración” (Catecismo de la Iglesia Católica 2725).

Como ya se ha dicho, la contemplación simplifica mucho el trabajoso esfuerzo por poner orden e interés en todas las facultades durante la oración. Esto se verifica de modo especial con la imaginación, que Santa Teresa definió como “la loca de la casa” (Cf Castillo Interior, Moradas IV, capítulo 1, 13), y que siempre resulta difícil convertirla en aliada de la oración. Con este método contemplativo está siempre activa y metida de lleno en la recreación de los hechos que se presentan como fondo de nuestro diálogo con Dios. Para otros tipos de distracciones, siempre será conve-niente tener en cuenta lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 2729: “Salir a la caza de la distracción es caer en sus redes; basta volver a concentrarse en la oración: la distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado. Esta humilde toma de conciencia debe empujar al orante a ofrecer al Señor para ser purificado. El combate se decide cuando se elige a quién se desea servir”. Combatir la distracciones es absurdo; lo mejor, la única solución, es simplemente volver a concentrarse en la contemplación. De todas formas, hay que pedir a Dios la gracia de eligirlo siempre a Él y no a la distracción.

Siempre, para evitar la subjetividad, resulta muy importante seguir los textos de la Sagrada Escritura o de la liturgia y marcarse con claridad el fruto que se desea alcanzar de Dios como, por ejemplo, el amor de Pedro que sabe rectificar y pedir perdón por haber traicionado al Señor. Para que sea de verdad oración, todo esto ha de hacerse buscando el diálogo con Dios y la respuesta personal llevada a la vida. De nada serviría el esfuerzo si las actitudes, los afectos, las decisiones, que nacen en la contemplación, no tuviesen ningún efecto en la vida de todos los días. Esta gracia hay que pedírsela a Dios y, al mismo tiempo, hay que buscar sacar aplicaciones concretas de lo que se aprendió y contempló en la oración.

Por sus características, la contemplación tiene que hacerse con tranquilidad, con el tiempo suficiente. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recomienda lo siguiente al respecto: “La elección del tiempo y de la duración de la oración de contemplación depende de una voluntad decidida, reveladora de los secretos del corazón. No se hace contemplación cuando se tiene tiempo, sino que se toma el tiempo de estar con el Señor con la firme decisión de no dejarlo y volverlo a tomar, cualesquiera que sean las pruebas y la sequedad del encuentro. No se puede meditar en todo momento, pero sí se puede entrar siempre en contemplación, independiente-mente de las condiciones de salud, trabajo o afectividad. El corazón es el lugar de la búsqueda y del encuentro, en la pobreza y en la fe” (Catecismo de la Iglesia Católica 2710).

Otro elemento que beneficia la oración contemplativa es el silencio. Toda oración requiere concentración, es decir, una atención lo más completa posible a lo que se está contemplando. Para ello, hay que olvidarse de todo lo demás y buscar un ambiente adecuado que no ofrezca estímulos que distraigan nuestra atención del diálogo con Dios. Vale la pena abandonar momentáneamente muchas cosas para meterse a fondo en la oración y después salir de ella enriquecidos.

Soy consciente de que faltan por tratar muchos temas relacionados con la oración y muchas formas de oración como la Liturgia de las Horas, el Ángelus, las novenas, la meditación cristiana, que no tiene nada que ver con las modernas formas de meditación, etc. Espero, con la ayuda de Dios, poder hacerlo en otro momento. Hay dos milenios de tradición cristiana en la que los discípulos de Cristo han buscado dialogar con su Maestro y toda esa riqueza es imposible agotarla en tan pocas páginas. Este esfuerzo se hizo con el fin de acercar un poco ese tesoro a los fieles de la arquidiócesis de México esperando que les sea de utilidad para conocer y amar mejor a Jesucristo, centro de la vida del hombre, verdadero y único Salvador.

(fuente: http://es.catholic.net/)

Se viene un Mallín Estilo de Chicas en Corrientes!

Queridos hermanos en el Cristo Joven:

Todos los que vivimos la experiencia de Mallín Estilo sabemos lo importante que son las chispas para ayudar a encender el fuego en cada uno, y el fuego comunitario en esa vivencia. También sabemos como se siente el saber que "hermanos mayores" dentro del Movimiento Mallinista a lo largo y ancho del país están rezando por nosotros y por todo el Mallín. Por eso les mando la lista de nombes de las participantes, delegadas y del equipo predicador del Estilo -286- de chicas que se va a hacer aca en Corrientes arrancando el martes 7 con las delegadas hasta el sábado 11 de julio, finalizando con la misa de clausura que se va a hacer en el Colegio Salesiano (San Juan 783) desde las 17 horas.

Las chispas pueden mandar a mallin.ctes@gmail.com o al mail de Juli jlzaninovich@hotmail.com hasta el martes 7 al mediodía aproximadamente.

A los que les quede mejor acercar al colegio salesiano, que lleve en un sobre o bolsa y deje en portería a nombre del Mallín. Por favor, reenvíen la lista a otros mallinistas, ya que no contamos con los correos de todos los que puedan llegar a estar interesados en ofrecer sus chispas. Desde ya muchas gracias. Contamos con su oración, que es lo más importante en todo.

Un abrazo. Nos vemos en el Ave.

Francisco
-305-

Mallín Estilo de Chicas -286- § 7 al 11 de julio de 2009
San Cayetano, Corrientes
Santa Fe
1. Di Pierro, Virginia

Posadas
2. Cabaña, Paula Virginia

Corrientes (María Auxiliadora)

3. Silva, Carolina
4. Gómez Morínigo, Sabrina
5. Báez, Guadalupe
6. Zacarías, Tamara
7. Zacarías, Valeria
8. Franco, Andrea
9. González Cabañas, Susana
10. Silvia

Corrientes (Pompeya)

11. Monzón, María de los Ángeles.
12. Contreras, Miriam de los Ángeles.
13. Troche, Virginia Mariel.
14. Ledesma, Yaquelin Estefanía.
15. Leiva, Yanina.
16. Barreto, Yamila Soledad.
17. Ramos, María José.
18. Ledesma, Lorena Beatriz.

Resistencia

19. Paula
20. Florencia
21. Romina
22. Sofía
23. Berenice
24. Natalia
25. Belén

Acompañante adulto
Ledesma, María Laura [Corrientes]

Delegadas (*)
Meza, Silvina (Chaqui) [Corrientes]
Cánepa, Leonella [Formosa]
Serial, Lucía [Resistencia]
Carey, Josefina [Resistencia]
Mosci, María Laura [Resistencia]
(*) falta una delegada de Posadas

Equipo Predicador

P. Marcelo Valsecchi
Cuba, Mercedes (Mechi)
Montiel, María del Rosario (Charito)
Odriozola, Lisa Valeria

lunes 29 de junio de 2009

Oración, tipos y caminos

Los caminos de la oración son muchos. Se puede orar de varias formas. Existen muchos modos de entrar en contacto con Dios. Cada quien elegirá el suyo de acuerdo a su personalidad, a sus circunstancias personales, a lo que le llene más espiritualmente en cada momento determinado.

Las principales formas de oración son:
Oración vocal
→ Lectura meditada
→ Contemplación del Evangelio
→ Oración sobre la vida cotidiana
→ Oración de contemplación


Oración vocal

Consiste en repetir con los labios o con la mente, oraciones ya formuladas y escritas como el Padrenuestro, el Avemaría, el ángel de la guarda, la Salve. Para aprovechar esta forma de oración es necesario pronunciar las oraciones lentamente, haciendo una pausa en cada palabra o en cada frase con la que nos sintamos atraídos. Se trata de profundizar en su sentido y de tomar la actitud interior que las palabras nos sugieren. Es así como podemos elevar el alma a Dios. Podemos apoyarnos en la oración vocal para después poder pasar a otra forma de oración. Todos los pasos en la vida se dan con apoyos, y la oración vocal es un apoyo para las demás. La palabra escrita es como un puente que nos ayuda a establecer contacto con Dios. Por ejemplo, si yo leo "Tú eres mi Dios" y trato de hacer mías esas palabras identificando mi atención con el contenido de la frase, mi mente y mi corazón ya están "con" Dios.

La lectura meditada

Un libro nos puede ayudar mucho en el camino a encontrarnos con Dios. No se trata de leer un libro para adquirir cultura, sino de tener un contacto más íntimo con Dios y el libro puede ser una ayuda para conseguirlo. No se trata de aprender cosas nuevas, sino de charlar con Dios acerca de las ideas que nos inspire el contenido del libro.

Hay que leer hasta que encontremos una idea que nos haga entrar en contacto con Dios y ahí frenar la lectura "saboreando" el momento. Es así como se profundiza en las ideas del libro para escuchar a Dios.

Si cuando estamos leyendo, se produce una visita de Dios, abandonémonos a Él.

Al orar hay algo que nos "llama", una idea en la que sentimos la necesidad de profundizar. Para profundizar volvemos a la idea para verla en todos sus aspectos hasta que llegue a sernos personal, hasta que la hagamos propia. Esta idea mueve nuestra voluntad, nuestra capacidad para el amor, el deseo y el afecto. Esta oración debe terminar con un propósito de vida de acuerdo a las ideas en las que hemos profundizado en compañía de Dios.


Contemplación del Evangelio

Consiste en leer un pasaje del Evangelio, contemplarlo, saborearlo y compararlo con nuestra vida, tratando de ver qué es lo que debo cambiar para vivir de acuerdo a los criterios de Cristo. Al leer el Evangelio nos vamos a familiarizar con los gestos y las palabras de Cristo, y a comprender su sentido. Poco a poco iremos cambiando nuestra mentalidad y nuestra conducta de acuerdo a los criterios del Evangelio. Comparamos nuestro actuar en la vida con la vida de Jesús en el Evangelio. Se trata de mirar a Jesús más que mirar el pasaje del Evangelio, escuchar su Palabra.

Al orar de esta forma, hemos pasado de la reflexión que se detiene a mirar en cada punto a un mirar simplemente a Cristo.

Para ponerlo en práctica conviene seguir los siguientes pasos:

a) Ponernos en presencia de Dios y ofrecerle nuestra oración. Leer lentamente la escena del Evangelio para tener una visión rápida de conjunto, del lugar donde sucede. Por ejemplo, en Belén, en el templo de Jerusalén, etc. Después pedirle a Dios que adquiramos un conocimiento más hondo de Jesús para amarlo más y poderlo servir mejor.

b) Volvemos sobre el pasaje evangélico y:

- Vemos a los personajes que hablan y actúan en el pasaje. Fijarnos en cada uno en particular viendo primero su exterior para luego contemplar sus sentimientos más íntimos, sean buenos o malos. Sacar algún fruto personal.

- Después escuchamos las palabras: Penetrar en su sentido, poner atención a cada una de ellas. Algunas palabras las podemos escuchar dirigidas a nosotros personalmente. Sacar un fruto personal.

- Como tercer punto, consideraremos las acciones: seguir las diversas acciones de Jesús o de las demás personas. Penetrar en los motivos de tales acciones y los sentimientos que los han inspirado. Sacar algún fruto personal, recordando que la oración nos debe llevar a la conversión de corazón.

c) Terminar charlando con Jesús o con su Madre la Santísima Virgen María acerca de lo que hemos descubierto.


Oración sobre la vida cotidiana

Dios está presente en nuestra vida. Los acontecimientos de la vida son un camino natural para entrar en contacto con Dios. Es necesario buscar la presencia de Dios en nuestra vida y descubrir qué es lo que Dios quiere de nosotros. Esta búsqueda y este descubrimiento son ya una oración. Estar atentos a lo que Dios quiere de nuestra vida es hacer oración y nos invita a colaborar con Él. De esta "mirada" sobre mi vida nacerá el asombro, el agradecimiento, la admiración, el dolor, el pesar, etc. De esta manera nuestra vida entera será una oración.


Contemplación

Se le conoce también como silencio en presencia de Dios.

Este es el punto donde culminan todos las formas de orar de las que hemos hablado con anterioridad. Es el momento en que se interrumpe la lectura, o se deja la reflexión sobre un acontecimiento, una idea o un pasaje del Evangelio. Se da cuando ya no hay deseos de seguir lo demás: se ha encontrado al Señor con toda sencillez, después de recorrer un camino. Hemos experimentado interiormente que Dios nos ama a nosotros y a los demás. Es guardar silencio en presencia de Dios con un sentimiento de admiración, de confusión, de gratitud, cuando nos sentimos invadidos por la grandeza de Dios y su amor hacia nosotros y nos ofrecemos a Él.

La oración contemplativa es mirar a Jesús detenidamente, es escuchar su Palabra, es amarlo silenciosamente. Puede durar un minuto o una hora. No importa el tiempo que dure ni el momento que escojamos para hacerla.

Para tener una oración contemplativa, debemos:

a) Recoger el corazón: Olvidarnos de todo lo demás, encontrándonos con Él tal y como somos, sin tratar de ocultarle nada.

b) Mirar a Dios para conocerle: No se puede amar lo que no se conoce. Al mirarlo debemos tratar de conocerlo en su interior, sus pensamientos y deseos.

c) Dejar que Él te mire: Su mirada nos iluminará y empezaremos a ver las cosas como Él las ve.

d) Escucharle con espíritu de obediencia, de acogida, de adhesión a lo que Él quiere de nosotros. Escuchar atentamente lo que Dios nos inspira y llevarlo a nuestra vida.

e) Guardar silencio: Silencio exterior E INTERIOR. En la oración contemplativa no debe haber discursos, sólo pequeñas expresiones de amor. Hablar a Jesús con lo que nos diga el corazón.

(fuente: www.abandono.com)

domingo 28 de junio de 2009

"No temas. Basta que tengas fe"

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 5, 21-43)

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente.

Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.


Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de El, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: “Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: “¿Quién me ha tocado?” Pero Él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo; “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".


Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. “¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas. Basta que tengas fe".

No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de El.


Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados, Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.


Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.

Son muchos los milagros y prodigios que hizo Jesús en su paso por este mundo. Varios de ellos fueron relatados en los Evangelios y retratan como Nuestro Señor fue haciendo el bien a toda aquellas personas que se acercaron humildemente a buscarlo, sanó a judíos y extranjeros, a aquellos que eran excluidos socialmente.

Con esos milagros, además de derramar el Amor de Dios en esas almas favorecidas, Jesús nos dice que Él es Dios.

Como en otros episodios que se cuentan en los Evangelios sobre curaciones milagrosas, el Dios hecho Hombre resalta la fundamental importancia de la fe.

En el caso de la mujer que sufría hemorragias, Nuestro Señor le dice que su fe la ha salvado. Hablar de salvación es mucho más amplio que una simple sanación corporal, por lo que Jesús manifiesta su compasión por el sufrimiento no solo físico sino que también Él pudo compadecerse de la angustia que nublaba el alma de aquella mujer.

Luego, Él se dirige a donde yacía la hijita de Jairo. Compadeciéndose nuevamente del sufrimiento humano ante ese misterio que es la muerte, Jesús toma la mano de esa niña y la devuelve a la vida, manifestando una vez más su señorío sobre la vida y la muerte.

En su tiempo como en estos que corren ahora, hubo gente que vio a Jesús como un simple curandero y no como Dios. Es por eso que mucha gente lo seguía para "arrancarle" algún milagrito y no tanto para detenerse a escuchar su mensaje. Hoy en día no son pocos los que explotan la fe de algunos desposeídos lucrando con la imagen de un "Jesucristo milagrero", como si se tratara de un mero talismán.

Jesús vino a salvar nuestras almas, a restaurar la dignidad humana que fue severamente herida por el pecado original. Jesús es Dios y nos lo demuestra con esos milagros que son solo signos de su divinidad.

Que esta lectura de hoy domingo nos ayude a reflexionar acerca de la importancia de nuestra fe en Dios. Que podamos examinar cuidadosamente el nivel de la fe, atender los peligros que pueden mellarla como así también de los recursos con los que podemos contar para alimentarla y fortalecerla.

sábado 27 de junio de 2009

"Seréis como dioses", una tentación tan antigua (como eficaz)

Tomando a Santa Biblia, en el libro Génesis en su capítulo 3, leemos:

"La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yavé Dios había hecho.

Dijo a la mujer: '¿Es cierto que Dios les ha dicho que no coman de ninguno de los frutos del jardín?', La mujer respond
ió a la serpiente: 'Podemos comer de los frutos de los árboles del jardín, pero no de ese árbol que está en el medio del jardín pues Dios nos ha dicho q no comamos de él porque, si lo hacemos, moriremos'. La serpiente dijo a la mujer: 'No es cierto que no morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día que coman de él, se les abrirán a ustedes los ojos; entonces, ustedes serán como dioses y conocerán lo que es bueno y lo que no lo es'.

A la mujer le gustó ese árbol que atraía a la vista y que era tan excelente para alcanzar el conocimiento. Tomó de su fruto y se lo comió y le dio también a su marido que andaba con ella, quien también comió.
Entonces se les abrieron los ojos y ambos se dieron cuenta de que estaban desnudos. Cosieron, pues, unas hojas de higuera, y se hicieron unos taparrabos.

Oyeron después la voz de Yavé que se paseaba por el jardín., a la hora de la brisa de la tarde. El hombre y su mujer se escondieron entre los árboles del jardín para que Yavé Dios no los viera. Yavé Dios llamó al hombre y le dijo : '¿Dónde estás?'. Éste contestó: 'He oído tu voz en el jardín y tuve miedo porque estoy desnudo; por eso me escondí'. Yavé Dios replicó: '¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol que te prohibí?'. El hombre respondió: 'La mujer que pusiste a mi lado me dio del árbol y comí'. Yavé dijo a la mujer: '¿Qué has hecho?', La mujer respondió: 'la serpiente me engañó y he comido'.

Entonces Yavé Dios dijo a la serpiente: 'Por haber hecho ésto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás tierra por todos los días de tu vida. Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza pero tú herirás su talón'. A la mujer le dijo: 'Multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos y darás a luz a tus hijos con dolor. Siempre te hará falta un hombre y él te dominará'.
Al hombre le dijo: 'Por haber escuchado a tu mujer y haber comido del árbol que Yo te había prohibido comer, maldita sea la tierra por tu causa. Con fatiga sacarás de ella el alimento por todos los días de tu vida. Espinas y cardos te dará, mientras le pides hortalizas que comes. Con el sudor de tu frente comerás tu pan hasta qu evuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado. Sepas que eres polvo y al polvo volverás.'

El hombre dio a su mujer el nombre de Eva por ser la madre de todo viviente. En seguida Yavé Dios hizo para el hombre y su mujer unos vestidos de piel y con ellos los vistió.


Entonces Yavé Dios dijo: 'Ahora el hombre es como uno de nosotros, pues se ha hecho juez de lo bueno y lo malo. Que no haya también extender su mano y tomar del Árbol de la Vida, pues vivirá para siempre'. Y así fue como Dios lo expulsó del jardín de Edén para que trabajara la tierra de l
a que había sido formado. Habiendo expulsado al hombre, puso querubines al oriente del jardín de Edén, y también un remolino que disparaba rayos, para guardar el camino hacia el Árbol de la Vida."

(Gen. 3)

Este es el famoso relato bíblico que describe como fue la caída de los primeros seres humanos y su separación de Dios producto del pecado. Es un relato riquísimo en matices y metáforas de donde se desprende gran parte de los fundamentos básicos del Magisterio de la Iglesia Católica.

La Creación es descripta en la Biblia para que podamos entender a Dios y a la naturaleza humana, como así también cobra un sentido la necesidad de la venida de Jesús, Dios Hijo que se hizo hombre para restaurarnos y devolvernos a Dios.

Adán y Eva habían sido creados buenos, vivían en estado de pureza e inocencia, en perfecta armonía con Dios y todo lo creado. Todo cambió cuando decidieron libremente desobedecer a Dios y dejarse llevar por la sugerencia del demonio, representado en ese relato por la serpiente. El demonio era un ángel a quien Dios había dotado de una belleza sin igual y de una grandísima inteligencia... pero se dejó llevar por su arrogancia, se olvidó de que era tan solo una criatura más y desafió a Dios mismo. No satisfecho con ésto, lleno de ira y envidia por la felicidad de los primeros seres humanos quiso (y quiere) arrastrar a toda la humanidad consigo.

Conciente de su inteligencia superior, el diablo utiliza toda su astucia para tentar a Adán y Eva. Notemos que la frase clave para convencerlos para que tomen el fruto prohibido es "seréis como dioses". Es decir, mediante el engaño (cuando no...), el diablo hace que se despierte la soberbia en esos primeros seres humanos y, por ende, la tremenda irreverencia para con el Creador. La propuesta del ángel caído fue "ser como dioses"... pero sin Dios. Y Adán y Eva dejaron de confiar en Dios.

Aparentemente, después Dios le termina dando la razón a la serpiente cuando lamenta que "Ahora el hombre es como uno de nosotros". Pero no, los seres humanos no son como Dios. A lo que se refiere Dios es a que, al dejarse llevar por la tentación y pecar, Adan y Eva contaminaron la estado de pureza con el que habían sido creados porque supieron lo que es el mal...

No es un detalle menor que en el Génesis, Dios habla de si mismo en primera persona del plural, es decir, habla en "nosotros". Lo vemos claramente en el Primer Capítulo, Versículo 26 cuando Él dice "Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza..." (Gen. 1,26). De esta manera, confirma la Biblia la Verdad sobre la Santísima Trinidad que enseña Nuestra Madre Iglesia. Dios es Uno Solo formado por Tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Todos los seres humanos tenemos una tendencia hacia el mal casi inherente a nuestra misma naturaleza. Es por eso que ser una buena persona requiere de un constante esfuerzo y de una lucha sostenida contra las tentaciones que nos acechan cotidianamente. El Sacramento del Bautismo no solo nos hace parte del Cuepor Místico de Cristo que es Nuestra Madre Iglesia sino que nos unge de las consecuencias del pecado original

Día a día, hasta en los actos más mínimos, todos podemos ser tentados por el demonio. El llamado "padre de la mentira" (Jn 8,44) tiene poderes superiores a cualquiera de nosotros y sabe muy bien cómo tentarnos, se las ingenia siempre para saber seducirnos tocándonos los puntos más débiles para apartarnos de Dios. Todos y cada uno de nosotros somos débiles y falibles, por ende, proclives a caer fácilmente en los engaños del diablo: es por eso que se nos hace imprescindibles estar en Dios para poder vencer las tentaciones y permanecer en el Amor de Él.

Es por eso que San Pablo nos advierte y aconseja con sabiduría en su Carta a los Efesios diciéndonos: "Pónganse la armadura de Dios, para poder resistir las maniobras de diablo. Porque nuestra lucha no es contra fuerzas humanas, sino contra los Gobernantes y autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras. Nos enfrentamos con los espíritus y las fuerzas sobrenaturales del mal. Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila, valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón, la justicia como coraza y, como calzado el celo por propagar el evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea la Palabra de Dios. Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo, según los inspire el Espíritu. Velen en común y prosigan sus oraciones, sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos." (Ef. 6, 10-18)

Al pecar Adán y Eva y ser ellos los primeros seres humanos de lo que nacieron todas las generaciones, todos quedamos contaminados por ese pecado desde que llegamos a este mundo. Así lo dice San Pablo en una de sus Cartas a los Romanos "Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores" (Rom 5,19).

Notemos que dicho relato bíblico encierra una mirada esperanzadora ante las terribles consecuencias del pecado original.

Dios no esperó a que sea el hombre el que le pida perdón y diseñó inmediatamente el Plan de Salvación de toda la humanidad que tuvo su culmen con la Muerte y Resurrección de Jesucristo. Durante varios siglos, Dios estuvo preparando a la humanidad para recibir al Mesías que salvaría al mundo entero de la condenación del pecado y frenar la obra demoníaca para darnos Nueva Vida en Dios. Así lo dice el Apóstol San Juan en su Primera Carta "El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo" (1 Jn 3,8).

Dios Padre envía a su Hijo para que sea el Nuevo Adán, que tomó consigo todas las miserias del pecado con su Pasión y Muerte en la Cruz y les dio un sentido trascendental con su Resurrección: así, la muerte de los seres humanos dejó de ser algo malo en si misma y se convirtió tan solo en una pascua, en un paso de esta vida a la Vida en Dios.

De esta manera, la Gracia de Dios venció al pecado. Como dijo San Pablo: "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5,20). Dios venció al pecado y a la muerte. Ahora los seres humanos tenemos un sentido para vivir.

¡Alabado sea Dios!

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